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Hoy se cumplen cincuenta años de la desaparición física del más grande arquitecto del siglo XX, tal vez de la historia.
Un 27 de Agosto fallece nadando en aguas del Mar Mediterráneo a los 77 años de edad. Digo desaparece físicamente pues sus pensamientos, obras, postulados y valores siguen vigentes transmitiéndose de generación en generación.
Su protagonismo, no solo en disciplinas artísticas como pintura y escultura marcan direcciones que aun hoy en día sorprenden. Su formación autodidacta integral, conforman un perfil de hombre universal que lo hermanan con el hombre antropocéntrico clásico de Vitrubio y Leonardo. Arquitecto, pintor, escultor, poeta, escritor y urbanista lo ubican en un selecto grupo de líderes que fiel a sus ideas pensó en un mundo mejor acorde a los tiempos contemporáneos que le toco vivir.
Visitó Buenos Aires, la analizó de una manera pocas veces vista desde una óptica social, arquitectónica, funcional y teórica muy avanzada para su época. Pecó de ser Utópica, pero sus verdades más que soluciones concretas aún deslumbran a estudiantes y profesionales. Tuve oportunidad de conocer muchas de sus obras europeas.


Apenas con 42 años diseñó un paradigma de la Arquitectura, la Villa Savoye, un producto paradigmático de los cinco puntos. Lo bello es invisible al ojo. Sus proporciones, volúmenes ajustados con trazados reguladores y su “Paseo Arquitectónico” la hacen más bella que su apariencia, muy avanzada para un mundo con tintes conservadores como era la década del veinte.
Por otro lado la Iglesia de Ronchamp. Su estética Expresionista con un uso del Betón Brut, la ubican como una obra de arte integral difícilmente superada. Una evolución de su Racionalismo Abstracto de los veinte hacia una dirección más “orgánica” como nunca antes nadie hizo.
Como socio fundador de ArquiViajes! junto al Arquitecto Gemán Salas, comentamos constantemente el rol del maestro en nuestros Recorridos Arquitectónicos y culturales. Por donde hay una obra del Racionalismo, allí estuvo la mano inspiradora de Le Corbusier.
Aún hoy nos sigue despertando asombro su grandeza. Cuando recorremos la ciudad de La Plata y cerramos el circuito por la Casa Curutchet, nuestra admiración no necesita ninguna explicación. Su emplazamiento, época, diseño ,contexto histórico, manejo espacial y estética nos cancelan cualquier explicación.
El siglo XX no sería lo mismo sin Le Corbusier. El Maestro aún a 50 años de su desaparición, nos sigue dando lecciones de sabiduría.

Chapeau!
Arq. Rodolfo de Liechtenstein
www.arquiviajes.com.ar

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